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Preguntas para hacer balance del año: pocas, buenas y por escrito

Publicado el 9 de octubre de 2026

Preguntas para hacer balance del año: pocas, buenas y por escrito

Yo no soy de listas de propósitos. Pero hay una cosa que sí me gusta hacer cuando el año se acaba: sentarme una hora con un café y un papel y contestar unas pocas preguntas sobre lo que ha pasado. Sin nota final, sin plan de acción, solo para mirarlo antes de que se mezcle con todo lo demás.

Si buscas preguntas para hacer balance del año, en internet hay listas de cincuenta, cien y hasta doscientas. Están bien como cantera, pero casi nadie las contesta enteras, y quien lo intenta acaba respondiendo en piloto automático. Aquí tienes menos: catorce, elegidas porque dan respuestas que vale la pena releer. Y un plan sencillo para hacerlo en una hora.

El plan: una hora, cuatro tramos

  1. Minutos 0–10. Repasa el año mes a mes. Abre el calendario, la galería de fotos o los mensajes y recorre enero, febrero, marzo… Anota en una hoja lo que te llame la atención: un nombre, un sitio, una semana mala. Más abajo te cuento por qué este paso es el más importante.
  2. Minutos 10–15. Elige cinco o seis preguntas. No todas. Quédate con las que al leerlas te provoquen algo: incomodidad, una sonrisa, un nombre que aparece de golpe.
  3. Minutos 15–50. Contéstalas por escrito. No en la cabeza, no en el coche: por escrito. Al pensar das vueltas; al escribir tienes que terminar la frase, y eso te obliga a decidir qué opinas de verdad.
  4. Minutos 50–60. Subraya una frase. La que más te haya sorprendido al escribirla. Te cuento qué hacer con ella al final.

Si en una hora no has terminado, no pasa nada. El balance puede quedarse a medias y seguir otro día.

Las preguntas

Para recordar lo que pasó

  1. ¿Qué tres momentos de este año quiero recordar dentro de diez años? No los más importantes: los que querrías recordar. A veces coinciden y a veces no.
  2. ¿Qué pasó este año que en enero no me habría imaginado? Para bien o para mal. Suele ser lo que más ha cambiado tu año y lo que menos has digerido.
  3. ¿Cómo era un día normal? A qué hora te levantabas, qué desayunabas, con quién hablabas. Es la pregunta más aburrida de la lista y la que más vas a agradecer releer, porque es justo lo que se olvida.
  4. ¿Qué empecé este año que sigue en marcha? Una costumbre, una relación, un proyecto, una forma de hacer las cosas.

Para mirar a la gente

  1. ¿Con quién he pasado más tiempo, y cómo me he sentido después? Mirar adónde se ha ido tu tiempo dice más que mirar adónde querías que fuera.
  2. ¿Quién apareció en mi vida este año? Y al revés: ¿a quién he dejado de ver, y lo decidí yo o simplemente pasó?
  3. ¿Qué le debo a alguien que no le he dicho? Un gracias, una disculpa, una explicación. Si la respuesta es clara, quizá el balance no termine en tu cuaderno sino en un mensaje.

Para mirarte a ti

  1. ¿Qué me ha costado más de lo que parecía desde fuera? Casi todos cargamos con algo que los demás no ven. Escribirlo no lo resuelve, pero lo reconoce.
  2. ¿En qué he cambiado de opinión? Sobre una persona, sobre tu trabajo, sobre ti. Es de las pocas pruebas fiables de que un año te ha pasado por dentro.
  3. ¿Qué he hecho bien y nadie ha visto? No para felicitarte, sino porque llevamos muy bien la cuenta de los errores y fatal la de lo que sostuvimos sin que nadie lo notara.
  4. ¿Qué me ha ido quitando energía, poco a poco? No una crisis puntual: algo que te ha ido gastando casi sin que te dieras cuenta.

Para lo que queda abierto

  1. ¿Qué quiero dejar de cargar el año que viene? Una culpa, un compromiso que ya no tiene sentido, una conversación que llevas meses aplazando.
  2. ¿Qué me gustaría que siguiera exactamente igual? El balance tiende a buscar cambios. A veces lo más valioso es descubrir lo que no quieres tocar.
  3. Si el año que viene fuera parecido a este, ¿estaría bien? Contesta con la primera palabra que te salga. Después, explica por qué.

Por qué insisto tanto en repasar el año mes a mes

Porque tu memoria va a hacer trampas, y no es culpa tuya. Cuando piensas en los últimos doce meses no te viene una película entera, sino un puñado de escenas: la mudanza, la mala racha de febrero, el viaje de agosto. Los días normales, que son casi todos, se han disuelto.

Daniel Kahneman y otros investigadores lo estudiaron en los años noventa con experiencias desagradables, como mantener la mano en agua fría o pasar por un procedimiento médico. En uno de esos experimentos, publicado en Psychological Science en 1993, muchos participantes preferían repetir una versión más larga del mal rato si terminaba un poco mejor. El recuerdo se construía sobre todo con el momento más intenso y con el final; la duración apenas contaba. Lo llamaron la regla del pico y el final.

Un año no es un experimento de laboratorio y sería exagerado trasladarlo tal cual. Pero sirve de aviso: si haces balance sin método, el año te va a parecer lo que fueron sus dos o tres semanas más intensas y su último mes. Si diciembre ha sido agotador, el año entero parecerá agotador. Esos diez minutos con el calendario están para corregir eso.

Cómo contestar para que sirva de algo

  • Escenas, no adjetivos. «Ha sido un año duro» no te dirá nada dentro de un año. «En abril pasé tres semanas durmiendo mal porque no sabía si me renovaban el contrato», sí. Cada vez que escribas un adjetivo, añade un ejemplo.
  • Deja que se contradigan. El año puede haber sido el mejor en lo profesional y de los peores en casa. Los años no tienen conclusión redonda; tu balance tampoco necesita una.
  • Sin nota. Puntuar el año del uno al diez aplana todo lo que has escrito. Si necesitas cerrar con algo, que sea una frase.
  • Sin tono de tribunal. Si te pillas enumerando todo lo que no hiciste, para. Escríbete como le escribirías a un amigo que ha tenido el año que has tenido tú: con franqueza, pero de su parte.

Así pueden quedar cuatro respuestas

Son inventadas, pero muestran la diferencia entre contestar con prisa y contestar con escenas:

¿Qué tres momentos de este año quiero recordar dentro de diez años?
La tarde de junio en que mi padre, ya recuperado, se empeñó en enseñarme a hacer su tortilla «porque algún día te tocará a ti». El primer día en el piso nuevo, cenando pizza sentados en el suelo porque aún no teníamos mesa. Y una conversación con Clara en el andén de la estación, en octubre, en la que por fin le dije lo que llevaba meses pensando.

¿Cómo era un día normal?
Me levantaba a las siete menos cuarto, bajaba al perro con el pelo mojado y compraba el pan en la esquina. Trabajaba desde casa por las mañanas y por la tarde iba a la oficina. Volvía en autobús leyendo en el móvil. Cenábamos tarde. Casi nunca veíamos una película entera.

¿En qué he cambiado de opinión?
Pensaba que necesitaba un trabajo que me apasionara. Este año he tenido uno que simplemente me deja tranquilo, y no estoy tan mal como creía. No sé si es una conclusión o un cansancio, pero lo dejo escrito para comprobarlo el año que viene.

¿Qué quiero dejar de cargar el año que viene?
La sensación de que siempre voy tarde con todo. No voy tarde con todo. Voy tarde con los correos, que no es lo mismo.

Ninguna es brillante, y no hace falta. Dentro de un año, «cenando pizza en el suelo» te devolverá ese día entero, y «voy tarde con los correos» te hará sonreír o te dirá que algo no ha cambiado.

Qué hacer con lo que has escrito

Aquí es donde se pierden casi todos los balances: se escriben con buena intención, se guardan en una nota del móvil y nadie vuelve a abrirlos. Tres salidas mejores:

Quédate con una sola frase. La que subrayaste en el último tramo: no la más bonita, la que no esperabas. Suele ser lo único que merece convertirse en intención para el año siguiente. Una, no diez.

Compártelo. Hacerlo en pareja o con un amigo tiene algo que el cuaderno no tiene: el otro recuerda cosas de tu año que tú habías olvidado, o las recuerda de otra manera. Tres preguntas cada uno, por turnos. Es mejor sobremesa que la de los turrones.

Mándatelo a ti, dentro de un año. Esta es mi favorita. Un par de párrafos que empiecen por «Este año…» y terminen con una pregunta para tu yo de dentro de doce meses: «¿Sigues yendo tarde con los correos?», «¿Has vuelto a hablar con Clara?». Si te gusta la idea, la desarrollo en la carta de Año Nuevo a tu yo del futuro, que es básicamente esto con fecha de entrega. Para darle forma te pueden servir qué poner en una carta a tu yo del futuro, esta carta al futuro de ejemplo o, si vas justo de tiempo, cómo escribir tu carta al futuro en 10 minutos.

Lo bueno llega después: cuando esa carta te llegue el diciembre siguiente, tendrás delante el balance del año anterior justo cuando te sientes a hacer el nuevo. Y verás lo que desde dentro no se ve: preocupaciones que ocupaban páginas y ya no recuerdas, personas que entonces ni aparecían y ahora están en todas las respuestas.

¿Cuándo hacerlo?

  • Entre Navidad y Reyes, la opción clásica: menos obligaciones y un cambio de año que invita a mirar atrás.
  • A principios de diciembre, antes del cansancio de las fiestas, con la cabeza más despejada. Y de paso te deja tiempo para escribir alguna carta de Navidad con lo que salga del balance.
  • En tu cumpleaños, si prefieres tu propio calendario y escapar de la presión colectiva de enero.

Si este año ha sido malo

Hay años que no apetece revisar. Un duelo, una ruptura, una enfermedad, un trabajo perdido. Ahí, una lista de preguntas puede sentar como una patada: «¿qué has aprendido?», «¿qué logros celebras?», como si hubiera que sacarle algo bueno a todo.

No hace falta. Quédate con dos preguntas: ¿qué me ha ayudado a sostenerme? y ¿quién ha estado?. No tienes que convertir lo que ha pasado en una lección ni encontrarle sentido antes de tiempo. A veces el balance más honesto de un año es este: «He llegado hasta aquí».

Y si escribir sobre ello remueve más de lo que puedes manejar, no lo estás haciendo mal. Es una señal de que quizá te vendría bien hablarlo con alguien de confianza o con un profesional. Un cuaderno acompaña, pero no sustituye eso.

Las respuestas que escribas este diciembre te parecerán normales mientras las escribes. Dentro de un año serán la foto de alguien que conoces muy bien y que ya no eres del todo. Si quieres que tu balance te llegue justo cuando toque hacer el siguiente, escríbelo como carta y prográmalo en cartaalfuturo.com.

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